La segunda edición del congreso organizado por Fincalista reunió a profesionales de la energía, el sector agrario, la financiación, la ingeniería, la agroindustria y la Administración para analizar cómo convertir el potencial de la agroenergía en proyectos viables, escalables y compatibles con el territorio.
IDAE destacó el fuerte avance de la agrivoltaica: 234 millones de euros de su última convocatoria de renovables innovadoras se han destinado a 118 proyectos distribuidos por el territorio nacional.
AGROGENERA 2026 ha celebrado hoy en Espacio Caminos, Madrid, su segunda edición, reuniendo a casi 200 profesionales vinculados a la energía, la agricultura, la financiación, la inversión, la ingeniería, la agroindustria y el desarrollo territorial.
Organizado por Fincalista, el encuentro puso el foco en una cuestión que atravesó toda la jornada: qué condiciones debe reunir un proyecto agroenergético para pasar de la oportunidad tecnológica a convertirse en una iniciativa viable, financiable, replicable y aceptada por el territorio.
El programa combinó una ponencia marco, tres mesas redondas, presentaciones individuales y casos prácticos sobre agrivoltaica, solar flotante, biometano, regulación, aseguramiento, financiación y licencia social.
IDAE pone cifras al avance de la agrivoltaica
La inauguración contó con representantes de Fincalista, APPA Renovables, Banco Sabadell e IDAE, cerrando el bloque institucional Miguel Rodrigo, director general del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía.
Durante su intervención, Rodrigo destacó el crecimiento experimentado por las soluciones que permiten compatibilizar generación renovable y actividad agraria.
La última convocatoria de renovables innovadoras recibió 882 solicitudes, frente a las 308 de la convocatoria anterior, y acabó elevando su presupuesto hasta los 433 millones de euros ante la demanda recibida. De esa cantidad, 234 millones se han destinado a 118 proyectos de agrivoltaica, asociados a cultivos como cereales, olivar y frutales y repartidos por numerosas comunidades autónomas.
IDAE incidió además en la necesidad de que el despliegue renovable vaya acompañado de altos estándares ambientales, sociales y territoriales, así como de herramientas que permitan objetivar qué significa desarrollar correctamente un proyecto en el territorio. En el ámbito del biogás, recordó también el apoyo concedido a 68 proyectos, mayoritariamente vinculados a residuos ganaderos y de la industria agroalimentaria.
Energía, agua, alimentos y territorio: variables que ya no pueden analizarse por separado
La ponencia marco de Juan Prados, CEO de Generandi y Fincalista, planteó un nuevo enfoque para analizar la relación entre generación energética, producción agraria, agua y territorio.
Bajo el título El nuevo contrato entre energía, agua, alimentos y territorio, Prados defendió la necesidad de superar una visión aislada de estos recursos y buscar modelos capaces de capturar las sinergias que existen entre ellos.
Entre las posibilidades analizadas se encuentra la evolución de las comunidades de regantes hacia modelos que incorporen también funciones de comunidad energética, facilitando el aprovechamiento y distribución de excedentes renovables entre los propios comuneros y, potencialmente, con otros consumidores próximos.
El análisis presentado por Fincalista mostró también el impacto que tienen los horarios de consumo eléctrico sobre la cuenta de resultados del regadío. En un ejercicio aplicado al olivar, el desplazamiento de determinados consumos desde las franjas de mayor coste hacia las horas centrales de generación solar podría suponer un ahorro potencial de hasta 35 millones de euros, aunque la gestión del riego está condicionada por variables agronómicas e hidráulicas como los caudales, las bombas o la propia infraestructura de cada explotación.
Regulación, riesgo y confianza para poder escalar
La primera mesa del congreso abordó las condiciones necesarias para que los modelos agroenergéticos puedan desarrollarse a escala.
Representantes de APPA Renovables, Helvetia Caser y Greening, bajo la moderación de CAVALA, analizaron cuestiones como la seguridad jurídica, la distribución de responsabilidades entre agricultores y promotores, el aseguramiento de nuevos riesgos y la necesidad de generar datos que permitan evaluar el verdadero impacto de las instalaciones sobre la producción agraria.
Entre las conclusiones apareció una idea común: no basta con que un proyecto sea técnicamente posible o cumpla con la regulación. Para poder crecer necesita generar confianza, definir claramente las responsabilidades de todas las partes y demostrar en campo que la convivencia entre producción agrícola y generación energética funciona.
La licencia social empieza antes de que aparezcan las objeciones
La integración de los proyectos en el territorio fue otro de los grandes ejes de AGROGENERA.
José María Font Fisa, CEO de Catalana de Biogás Iberia, centró su intervención en cómo anticipar objeciones y construir aceptación local desde las primeras fases del proyecto.
Entre las claves señaladas situó la presencia en el territorio, la escucha, la confianza, la transparencia, el diálogo y la conversión de los acuerdos en acciones concretas.
El análisis previo del emplazamiento, el tamaño de la instalación, las materias primas, el tráfico asociado o los diferentes actores locales resulta igualmente determinante. Font destacó también el papel de las administraciones locales y la necesidad de entender la licencia social como una relación de largo plazo y no como una acción puntual de comunicación.
Solar flotante para reducir energía, agua y uso de suelo
El congreso incorporó también experiencias ya desarrolladas en campo.
Andrés Franco, CEO de ISIGENERE, presentó el caso de la energía solar flotante aplicada a comunidades de regantes y explicó cómo estas instalaciones pueden combinar generación renovable, autoconsumo, reducción de la evaporación y preservación del suelo agrícola.
Entre los proyectos analizados se encuentra el desarrollado para la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena, con una instalación de aproximadamente 1,5 MW, una inversión cercana a 1,3 millones de euros y un plazo estimado de recuperación de alrededor de cinco años.
El proyecto permite además reducir la evaporación del agua en aproximadamente 9.500 m³ anuales y cubrir una parte muy relevante de las necesidades energéticas del punto de suministro al que está asociado.
¿Qué necesita un proyecto para ser financiable?
La bancabilidad fue otro de los principales bloques de la jornada. Eduardo Martínez Granados, director de Energy & Infrastructure Finance de ING, expuso los criterios que analiza una entidad financiera antes de abordar la financiación sin recurso de un proyecto de biometano.
Entre los factores esenciales destacó la escala del proyecto, la existencia de contratos de compraventa de biometano con suficiente visibilidad de precio y contrapartes solventes, el aseguramiento del suministro de materias primas, el uso de tecnología probada, contratos de construcción con garantías suficientes y la presencia de promotores con capacidad técnica, solvencia financiera y vocación de permanencia.
La entidad puso así el foco en la correcta asignación de riesgos como condición indispensable para convertir una iniciativa técnicamente viable en un activo financiable.
Biometano: del residuo a la demanda industrial
La última mesa amplió el debate hacia el biometano y otras soluciones energéticas complementarias en el medio rural, reuniendo a representantes de Sedigas, ENSO, Nedgia y Biochar del Sur.
La conversación recorrió toda la cadena de valor: disponibilidad de residuos y subproductos, producción, infraestructuras gasistas, conexión a red, certificación, demanda industrial, valorización de coproductos y financiación.
Uno de los puntos destacados fue la importancia de definir correctamente la ubicación de las plantas desde las primeras fases, teniendo en cuenta tanto la proximidad a las materias primas como la posibilidad real de inyectar el biometano producido en la red durante todo el año.
También se puso sobre la mesa la necesidad de trabajar con acuerdos de largo plazo y de alinear a los diferentes agentes que intervienen en una cadena de valor especialmente ligada al territorio y a los principios de economía circular.
Casi 200 profesionales y una audiencia transversal
El perfil de asistentes de esta segunda edición reflejó la creciente convergencia entre campo, energía y capital.
AGROGENERA reunió a desarrolladores de proyectos renovables, entidades financieras, inversores, ingenierías, agroindustria, productores, propietarios, compañías aseguradoras, empresas tecnológicas, asociaciones profesionales, consultoras y representantes de la Administración.
Con esta segunda edición, Fincalista refuerza AGROGENERA como espacio de conexión entre energía, agricultura, financiación y territorio, con un enfoque orientado no solo a identificar nuevas tecnologías, sino a analizar las condiciones que permiten convertirlas en proyectos que funcionen desde el punto de vista económico, agronómico, financiero y social.
Sobre Fincalista
Fincalista es una plataforma especializada en fincas rústicas, suelo y oportunidades vinculadas al territorio. A través de AGROGENERA impulsa un espacio profesional para conectar agricultura, energía, financiación e inversión en torno a nuevos modelos de desarrollo rural.
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